viernes, 18 de septiembre de 2015

Exposición: Grupo El Paso, Informalismo leonés y derivaciones

Exposición temporal:  
Grupo El Paso, Informalismo leonés y derivaciones.
Sala de exposiciones del MIHACALE, Gordoncillo (León).
Del 31 de julio al 22 de noviembre de 2015.
Horarios: Agosto y Septiembre, de 11:00 a 14:00 y de 17:00 a 20:00 horas.
Horarios: Octubre y Noviembre, de 11:00 a 14:00 y de 16:00 a 19:00 horas.
Entrada gratuita.



Descripción por parte de Luis García, comisario de la exposición y director del Departamento de Arte y Exposiciones del Instituto Leonés de Cultura:

La muestra: “Grupo el Paso, Informalismo leonés y derivaciones”, se presenta en esta ocasión en la magnífica sala de exposiciones del MIHACALE, Museo de la Industria Harinera de Castilla y León, ubicado en la localidad de Gordoncillo. La misma está organizada y patrocinada por la Diputación de León, por medio del Departamento de Arte y Exposiciones del Instituto Leonés de Cultura, en colaboración con el museo, el ayuntamiento de Gordoncillo, la Galería Ármaga de León, artistas y varios coleccionistas privados, que han cedido las obras desinteresadamente. Un ejemplo claro y contundente de la importancia y significación que puede alcanzar la colaboración solidaria, intensa y fructífera entre el sector privado y las instituciones públicas para enfrentarnos a la situación actual y poder desarrollar juntos proyectos complejos y de envergadura cultural, como es el caso.
La exposición, pretende poner en diálogo varias realidades creativas vinculadas al informalismo y sus derivaciones en el ámbito de León, con obras de algunos de los miembros que integraron uno de los grupos más destacados y con mayor proyección tanto nacional como internacional, de los que surgieron en el año 1957 en España, que sirvieron como elementos dinamizadores, transformadores e incluso críticos tanto de la realidad cultural y plástica como de la política del momento, como es el caso del Grupo El Paso. Las obras que se incorporan en la muestra de este grupo, no son espectaculares por sus dimensiones ni pretensiones, ni relevantes o destacadas en el protagonismo cultural estructurado por hitos del ciclo plástico secuencial-histórico español del momento. Al contrario, son piezas íntimas, algunas de taller, o seriadas, se podría decir que silenciosas, austeras en la forma y tratamiento, pero al mismo tiempo trasmiten una tremenda esencialidad sincera del discurso del artista. Apuntes rápidos, gestualizaciones llenas de energía embrionaria o pruebas germinadoras que sin ninguna duda marcaron caminos o sendas. Piezas que en ese silencioso, estrecho, sincero y directo espacio de diálogo y entrega entre el observador y la obra alcanzan ese sentido estético máximo e incluso poético que lleva a la exaltación emotiva y la plena fruición. Son como pequeños tesoros que se deben de redescubrir lentamente por medio del deleite sensorial e intelectual. Están presentes Antonio Saura, Manuel Viola, Manuel Millares, Lucio Muñoz, Luis Feito, Rafael Canogar, Martín Chirino y Antonio Suárez.
En relación a los artistas leoneses, se han incorporado únicamente algunos creadores plásticos, no todos, que en cierta medida se les relaciona en algunos periodos o etapas de su trayectoria con ciertas influencias o enfoques que se vienen vinculando o integrando directamente en el espacio del informalismo, (Rosa María Olmos Criados Las Corrientes Informalistas en León,  tesis doctoral dirigida por Javier Hernando Carrasco. Universidad de León).
Así ocurre con Alejandro Vargas Aedo, Andrés Viloria, Ramón Villa Carnero, Manolo Jular, Gloria Alcahud, Miguel Ángel Febrero, Modesto Llamas, Antonio Redondo o Ángela Merayo. Un caso diferente sería el de Herminia de Lucas, recientemente fallecida, que solo una parte reducida de su producción se podría enmarcar en esta vertiente, como se puede observar perfectamente en la muestra cuando se analizan dos de sus composiciones, caso de “Escombrera” de 1994, pieza tensa y dramática, de superficie sanguinolenta con gran densidad textural que incorpora retículas de alambre y que se hace convivir en un diálogo paralelo y enriquecedor con una tinta sobre papel de Manuel Rivera, obra delicada y sutil de intenso sentido espacial, que representa una de sus características, la estructura reticular de malla metálica. En la segunda obra a la que hacemos referencia, “Texturas” de 1985, Herminia se vincula de forma muy directa con “Paisaje” de 1979 de Antonio Suárez, en la utilización de la referencia espacial como punto de partida para la formalización de las investigaciones plásticas de tipo cromático y textural, generando composiciones muy intensas.
Alejandro Vargas Aedo de principios de los años sesenta, aporta tres pinturas expuestas en escasas ocasiones. Piezas de una magnífica factura, gran potencia formal e intensidad plástica de tipo textural, en las cuales se hacen protagonistas la densidad oleaginosa y el arrastre gesticular y enérgico. Composiciones resueltas magníficamente con una gran austeridad cromática, que dialogan, con una cierta sincronía rítmica, con varias piezas que las arropan de Manuel Viola (pintor que se introdujo en la segunda fase del grupo y con intensas vinculaciones con León). Obras que mantienen una tremenda energía instantánea y expresión tensa, tomando como eje compositivo la energía y gesticulación centrífuga. Aportan el característico recorrido cromático de Viola, centrándose en blancos sucios, negros y grises.
Otro clásico, y con toda la razón del mundo incluido en el territorio del informalismo leonés y que cuenta con un escaso e injustificado reconocimiento nacional, es el berciano, ya fallecido, Andrés Viloria. Incorporamos tres piezas matéricas, primitivas, básicas, esenciales, generadas a partir del bloque de tablero industrial de aglomerado. El artista pretende mostrar la esencia propia y característica de la materialidad del soporte utilizado, el cual es atacado y rasgado violentamente por la acción de la gubia, como si se tratase de la erosión del tiempo, para mostrarnos las formas genuinamente primitivas y esenciales que están latentes en el plano que surgen con una gran intensidad simbólica. Composiciones recargadas y barroquizantes, casi monocromas que se matizan delicadamente por medio de tratamientos leves de pigmentos. Obras densas que nos hacen rememorar o reencontrarnos con nuestra memoria cultural y ancestros.
Manolo Jular, uno de los creadores más activo y multidisciplinar del panorama artístico no sólo leonés sino también nacional, nos aporta, en esta ocasión, dos obras que corresponden a finales del siglo XX. Obras dramáticas, con un amplio despliegue y repertorio de recursos pictóricos y  texturales, se encuentran en la tradición cromática de colores intensos y con gran carga simbólica: negros, rojos, amarillos, grises, azules, que emergen con densidad de la masa pictórica o fluyen y chorrean sobre la superficie plana del soporte. El gesto de gran intensidad expresiva en el trazado, acota las formas y espacios cromáticos densos y plenos de evocaciones formales e incluso figurativas en el caso de “Vencesberg”, mientras que en la pieza “Autobiográfico” la atmósfera generada por el artista se convierte en asfixiante y casi en referencia personal.
En las vertientes o planteamientos informalistas que en algunos momentos hacen referencia a ciertas reflexiones en relación a la figura humana como elemento latente, primario, elemental, subyacente o embrionario, se aportan varias piezas en la muestra, como es el caso de Rafael Canogar y Antonio Saura. En este tipo de propuesta nos encontramos con una magnífica obra de Elías García Benavides. Un creador de amplia trayectoria, que transitó por el expresionismo figurativo y que está inmerso desde hace mucho tiempo en una abstracción ensimismada de tipo lírico. Pero cuenta con algunas piezas que dan mucha importancia al tratamiento matérico, la elaboración de un mundo complejo y variado de texturas, la incorporación del collage y de materiales muy diversos como componentes de la obra, así como incorporaciones de aperturas espaciales. La obra “Cabeza de pensador”, tiene ciertas evocaciones figurativas y dialoga perfectamente con dos pinturas de Rafael Canogar que se titulan “Cabeza”,  de 1986. Dos obras esquemáticas y sencillas en las cuales el protagonismo se centra en la linealidad de la forma. 
En un extremo opuesto, nos encontramos con el caso de Ramón Villa Carnero, que nos aporta dos piezas esencialmente centradas en la experimentación con materiales extrapictóricos, de tradición picasiana, como ocurre en una de ellas, generada a partir de la articulación de formas surgidas del acero modular industrial y del latón por medio de la técnica aportada por Julio González a la escultura, la soldadura. La obra presenta una composición marco, rectangular y abierta en su interior, cuestión que permite un diálogo con la superficie de la pared portante, elemento que se integra en la obra como una parte esencial.  La varilla lineal articulada con planos de chapa genera una singular pieza que tiene un intenso sentido aéreo con cierta evocación lejana de las mallas reticulares de Manuel Rivera, que se representa en la muestra con una tinta sobre papel, en la cual despliega su entramado de tela de araña  con gran delicadeza en la utilización de la línea y una gran sutileza en el ordenamiento compositivo.
La aportación de Modesto Llamas a la muestra, es una espléndida pieza que pertenece a la colección de la Diputación de León, generosamente donada por el artista: “Otoño sonoro” de 1998. Una obra en formato de díptico, que representa un periodo de gran expresividad y libertad creativa que parte fundamentalmente de la evocación y referencia subyacente de la realidad. Obra de un cuidado y exquisito tratamiento del color y las texturas que se incorporan con gran expresividad y fluidez.
Miguel Ángel Febrero se ha introducido en este grupo, aunque quizás su trabajo este en cierto modo algo más lejano. Obra de un relevante color que se articula por medio de la superposición de diferentes planos cromáticos de gran intensidad y luminosidad, sobre los que se construyen, por medio de líneas de color sugerentes y evocadoras, imágenes de mundos plenos de energía y vitalidad,
Ángela Merayo cuenta con una amplia trayectoria en el ámbito de la experimentación creativa, centrada no sólo en la investigación puramente pictórica sino también en los soportes materiales de sus propuestas plásticas. Soportes que se distancian en muchas ocasiones de los procedimientos estándar y comerciales, planteándose  como parte esencial y estructural de la obra, un elemento más que se articula y conjuga como esencial en la propia configuración de la pieza, integrándose en un todo. En este caso hemos incorporado una instalación creada por medio de la articulación de nueve elementos de la serie “Despertar del ser de 2003. Módulos que pueden funcionar por separado o interrelacionados y en los cuales la textura propia del material base, junto a las deformaciones del mismo y las aperturas espacialistas, producen unas interrelaciones muy interesantes y sugerentes en relación al colorido lechoso que se ve sutilmente modificado por gestualizaciones levemente tostadas. Obras de una intensa carga simbólica y espiritual.
Antonio Redondo era un personaje polifacético: diseñador, escaparatista profesional, dibujante, pintor, escultor. En este caso hemos incorporado una obra experimental, que presenta un tratamiento muy interesante generado a partir de la articulación y ordenación compositiva de telas y de espacios huecos, aunque muy lejano y distante del tratamiento de las telas en Millares. Pieza que nos evoca o sugiere personajes o máscaras ancestrales de tradición cultural y popular leonesa. En el montaje de la exposición dialoga perfectamente, aunque con un intenso contraste cromático, con algunas pequeñas pero magníficas y esquemáticas gesticulaciones figurativas de Antonio Saura.
Gloria Alcahud se incorpora con una obra de pequeño formato sobre papel, realizada con técnica mixta. En la misma podemos captar perfectamente ese mundo creativo interior, tremendamente enriquecedor, de sentido magicista, cósmico, en el que se insinúan parcialmente conformaciones objetuales, terrestres y planetarias, entre corrientes de vientos, neblinas y transparencias de gran delicadeza que producen evocaciones de formas irreales. Su obra aparece dotada de un tremendo sentido pictórico y significación textural.
La muestra se enriquece en matices, enfoques y planteamientos, por medio de un diálogo directo y abierto con un amplio número de creadores  plásticos leoneses que de alguna manera han mantenido en su obra, aunque sea únicamente como sustrato, algunas aproximaciones, relaciones o vínculos con el informalismo en su amplia acepción del término. Francisco Suárez nos propone una pieza muy expresiva, basada en una tensión cromática muy intensa, con una composición en franjas verticales que parecen desgarrarse dramáticamente. Obra basada en la experimentación de las  interacciones de diferentes tipos de fluidos pictóricos vertidos en diferentes condiciones  sobre la superficie del plano.  José María Marbán parte de la confrontación de dos gamas básicas de colores cálidos, introduciendo el gesto y el grafismo como elementos articuladores de la composición, que se ve enriquecida por la sutileza de las texturas producidas por las masas cromáticas. David Colinas parte de una tremenda deformación gesticular y violenta de lo que en el origen de su trayectoria eran figuraciones expresionistas y primitivas, basadas en el esquematismo de la línea pero con una gran distorsión. El golpe del pincel o trazo es inmediato, irracional, compulsivo y se apodera plenamente de la composición que se convierte en primitiva, convulsa y con una enorme carga expresiva. Aldo Sanz genera una pieza que nos seduce por su componente intensamente poético, plena de matices, detalles mínimos y sutiles que se deslizan sobre una superficie del plano permitiendo observar su materialidad primigenia. Miguel Alonso Guadalupe, con una pequeña pieza, describe sobre la superficie blanca del papel lo que podrían ser espacios tensos e inquietantes, residuos o simulaciones de formaciones preexistentes, surgidas por medio de unas aguadas enérgicas con un marcado carácter libre y gestual. Hemos incorporado una pintura de 1992 de Isidro Tascón, de sus inicios, con la que precisamente consiguió el Premio Joven de Pintura de la Diputación de León en ese año. Esta pintura es de una gran fuerza e intensidad y está seleccionada para la muestra precisamente por servir de ejemplo de esas primeras aproximaciones que tuvieron una gran parte de los artistas leoneses a un tipo de abstracción con cierta vinculación al informalismo. En la pieza se puede observar un gran peso y protagonismo del trazo firme y vigoroso, que en algunas ocasiones se define por arrastres, también; la importancia de la textura y el colorido oscuro y sobrio que incorpora. Karlos Viuda aporta a la muestra una excelente pieza en la tradición matérica, del collage constructivo, que nos sugiere cierta relación o evocación de algunas obras de madera de Lucio Muñoz. Pieza de la serie homenaje a Ángel Barja: “Al soplo del hielo”. Caja contendora, espacio, habitáculo, habitat de diversos materiales delicados que se entrelazan, mezclan y funden entre sí generando una composición de gran fuerza expresiva, pero que genera al mismo tiempo una imagen tremendamente melancólica e incluso desoladora. Rafael Anel Martín Granizo, sobre la superficie desnuda del lienzo, nos aproxima a los mínimos esenciales de las descripciones lineales y gestuales básicas, que sirven para construir nuestro imaginario. Sin duda una obra de una gran sensibilidad descriptiva frente al vacío. Ramón Isidoro aunque su trabajo se enmarca en los ámbitos de abstracción lírica o ensimismada, en esta pieza en concreto: “Bajo el parpado II”,  la utilización del negro y el sistema de arrastre peinado nos aproximan a ciertas sensaciones del informalismo. Pieza densa e impactante que produce cierta inquietud. Juan Rafael nos introduce en su serie dedicada al bosque, que corresponde al 2015, con tres piezas de pequeño formato. Obras que toman el elemento natural como punto de referencia o partida, se podrían considerar como conceptualizaciones o construcciones mentales de un espacio genérico denominado “bosque”. El bosque se convierte curiosamente en el escenario de una realidad interior que el artista proyecta sobre la lona, en su estudio de la ciudad, sin luz natural. El procedimiento es lento pero calculado; los preparativos, las estructuras lineales de cuerdas preparadas para conseguir el efecto necesario en el sistema de frotagge que aplica a la superficie, permite la creación de un hilo conductor y una estructura interior en la serie. El perfecto control de la manufactura y procedimientos técnicos, hace que en sus obras se observe una cierta presencia latente, leve y sutil de un cierto informalismo. Piezas contundentes pictóricamente, de una gran expresividad y fuerza interior. Carlos Cuenllas presenta una composición globular generada a partir de dos colores básicos, el azul y el amarillo, que se interrelacionan entre si de forma aleatoria por medio de una ejecución enérgica, arrítmica e incontrolada, planteando una obra que impacta visualmente. Cristina Ibañez, con su obra “J” perteneciente a la serie alfabeto, nos introduce en un espacio de tratamientos matéricos muy delicados y sutiles de una gran intensidad cromática y lumínica, con una destacada  aplicación de chorreo y transparencias.
Una muestra que pretende poner en valor el importante trabajo desarrollado por nuestros creadores.
Luis García Martínez

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